Si el mundo ha cambiado, la forma de trabajar tampoco puede seguir siendo la que era antes de la revolución digital. El mundo de hoy no tiene nada que ver con el mundo en que vivieron los grandes creativos que admiramos. Para ellos era más sencillo evitar las distracciones y trabajar en relativa paz y concentración. En la era de internet y los smartphones, es más difícil encontrar el entorno ideal para desarrollar nuestros proyectos personales. Encuentra en este resumen del libro Manage Your Day -to- Day de Jocelyn Glei, 

A menudo cuando hablamos de problemas en nuestro proceso creativo, no hablamos de problemas en la generación de ideas, sino en la ejecución de nuestra idea.

LA ERA DEL TRABAJO REACTIVO

A veces podemos gastar gran parte del día trabajando de forma reactiva: controlamos el correo electrónico, visitamos nuestro perfil en Instagram, Facebook, Twitter, Telegram, echamos un ojo a whatsapp, alguna tarea rutinaria, y ya no queda tiempo para nada más.

Estar siempre conectado trae muchas ventajas, pero también desventajas: sólo tenemos tiempo para contestar y reaccionar, y no nos queda tiempo para pensar y actuar.

LA IMPORTANCIA DE UNA RUTINA

El trabajo creativo requiere de mucho tiempo para llegar a un buen resultado.

lo que te permite lograr ese resultado es la rutina.

Es por esto que, por ejemplo, Ernest Hemingway escribía 500 palabras todas las mañanas.

Y de eso hablaba Picasso cuando decía que la musa solía encontrarlo trabajando.

Una rutina efectiva te ayuda a entrar en el flow sin perder tiempo y sin gastar mucha fuerza de voluntad.

Gracias a una rutina de trabajo optimizada puedes poner en marcha tu flujo de trabajo de forma automática.

No tienes que esperar la inspiración, tienes que crear un entorno y un sistema que la favorezca.

EL SÍNDROME «INBOX ZERO»

¿Has intentado alguna vez “adelantar trabajo”?

Y ¿cuántas veces te has conseguido adelantar todo el trabajo posible, y has tenido por fin tiempo libre para dedicarte a ese proyecto que tenías abandonado?

Me temo que pocas veces.

Además, hay veces que adelantas trabajo para que luego te cambien el briefing, y lo que has hecho ya no vale: hubiera sido mejor no hacer nada…

¿Te suena?

La verdad es que adelantar trabajo es a menudo una gilipollez falacia.

Es meterse en la rueda del hámster y empezar a correr, sin parar nunca.

De la misma forma, las ganas de despejar el camino te pueden llevar a abrir el correo a primera hora de la mañana: sin darte cuenta acabarás por entregar tu tiempo a las prioridades de otras personas.

Que a veces no coinciden exactamente con tus prioridades…

LUCHANDO CONTRA EL E-NEMIGO

Si la mañana es el momento donde tu creatividad y productividad están a tope, malgastarla así es un crimen.

Pero no es así para todo el mundo: hay quien trabaja mejor por las noches.

Así que te toca identificar cuáles son tus horas más productivas.

Esto a menudo quiere decir invertir la forma de trabajar: empezar con el trabajo importante y no urgente, y dejar el trabajo reactivo para después.

Muchas veces hacemos al revés y nos ocupamos de tareas simples, para tener la ilusión de ser productivos.

Hace falta fuerza de voluntad para resistir a la incómoda – y engañosa – sensación que hay clientes esperando.

Pero es mejor decepcionar a unos pocos sobre cosas no esenciales, que renunciar a tus sueños para tener la bandeja de entrada vacía.

Según un estudio de 2012, los trabajadores gastan de promedio el 28% de su tiempo escribiendo, leyendo o contestando a correos.


¿Un pequeño truco para llegar a inbox cero en pocos minutos? Archiva todos tus correos en la carpeta de «archivados» y ya tendrás la bandeja vacía. En Gmail ya tienes esa carpeta por defecto, pero si no la tienes la puedes crear. Si quieres acceder a tus correos, los seguirás viendo en esa carpeta. En tu bandeja de entrada sólo tendrás los últimos mensajes.


No sacrifiques tu potencial por una ilusión de profesionalidad.

El email es como una extensión de nuestro cerebro. Lo malo es cuando pretendemos estar a la altura de ese yo digital, que puede manejar mucha más información que nuestro yo real.

A menudo tenemos la tentación de guardar muchos correos just in case, por si volvemos a leerlos, por si es algo útil, para acordarnos de una posible idea o herramienta,…

Sin embargo, tenemos que aceptar que al ritmo al que fluye la información, es difícil que eso pase. Y aunque volviéramos a mirarlo en un futuro, es posible que para cuando lo hagamos las cosas hayan cambiado, y ya exista otra herramienta, otra manera de hacer las cosas,…

Para hacer una limpieza con criterio, tenemos que tener claros nuestro objetivos. Si los tenemos por escrito, mejor.

La regla más importante para que tu bandeja de entrada te ayude a lograr tu objetivo es esta: las oportunidades que te distraen tienen que morir para que tus objetivos más importantes puedan sobrevivir.  

No hay sitio para todo.

El mundo laboral actual nos obliga a vivir en una paradoja permanente: para avanzar, tenemos al mismo tiempo que luchar contra las distracciones y ceder frente a ellas (mirando por ejemplo nuestro buzón de correo).

Seguro que pensarás que necesitas mirar tu buzón para poder realizar tu trabajo: emails de clientes, del jefe, de tus compañeros de trabajo, noticias sobre tu sector,…

Pero todas esas comunicaciones solo te ayudan, o te cortan el ritmo y te distraen?

¿Cuál es el coste de esa pérdida de foco?

Lo que en realidad buscamos es la gratificación aleatoria que proporcionan los buzones de entrada del correo o cualquier red social.

Además, somos yonkis de la comodidad.

Hemos elegido ser esclavos de la comodidad y eso tiene un precio.

En todos los trabajos se tiende a abusar del email y los correos de grupo: consideramos sólo la comodidad y posibles ventajas, sin pensar a lo que pueden costar en términos de productividad.

El hecho de que pueda existir un beneficio nos parece suficiente para justificar la práctica.

En el sector de los conocimientos no tenemos unas métricas claras que nos ayuden a medir los costes.

Nuestras conductas se miden entonces sobre la conveniencia a corto plazo más que sobre el valor a largo plazo.  

Eliminar 10 mensajes de nuestra bandeja de entrada nos da la impresión de progresar, cuando si lo pensamos detenidamente eso no está para nada claro.

DESCUBRIENDO TU RITMO PRODUCTIVO.

Tenemos que recordarnos a nosotros mismos que no somos una máquina.

A veces parece que los textos sobre productividad quieren entrenarnos para volvernos rígidos y eficientes como máquinas.

Los seres humanos no somos máquinas – los creativos menos todavía – y seguir esos consejos sólo nos provocará frustración.

Tenemos que aprender a reconocer y seguir nuestros ciclos de productividad.

Eso es fácil de hacer, aunque requiere de fuerza de voluntad para ponerlo en marcha: simplemente hay que apuntar durante una semana la horas en la que trabajamos más a gusto.

Necesitamos identificar si conseguimos mejores resultados por la mañana, la tarde o la noche, y apuntar cuánto tiempo podemos trabajar a tope antes de que nos entren ganas de desconectar.

Es difícil que sea más de 1 hora. Cuando identifiquemos esos ratos, sabremos cada cuánto tiempo necesitamos descansar, y qué momentos dedicar al trabajo más importante.

En mi caso, 50 minutos es la extensión ideal para trabajar del tirón. Luego mi concentración baja y me entran ganas de distraerme.

La mente humana está más preparada para trabajar en sprints que en maratones.

Nuestra eficiencia y creatividad vuelven a recargarse si alternamos trabajo creativo y trabajos reactivo.

Y también es importante aprender a desconectar de la conexióncuando nos conectamos a la red, nos desconectamos de nosotros mismos, perdiendo una oportunidad para reflexionar.

Y en el caso de un trabajo creativo esto puede significar perder la oportunidad para tener una voz personal, y seguir lo que hacen los demás.

Nada tiene que tener más influencia sobre nosotros que nuestra propia intuición.

En esta era de la constante conexión, la capacidad para desconectar y pararse a pensar es otra ventaja competitiva.

EL INCREÍBLE PODER DE LA REPETICIÓN

¿Conoces esta frase?

Tenemos la tendencia a sobrestimar lo que podemos lograr en el día, y a subestimar lo que podemos lograr en un año»

Para que esa frase sea cierta, es necesario que se cumpla una condición: que trabajemos de forma consistente.

A largo plazo, el trabajo constante impulsa nuestra productividad y creatividad.

La repetición o frecuencia nos proporciona unas grandes ventajas.

LAS 3 GRANDES VENTAJAS DEL TRABAJO DIARIO

  1. Trabajar todos los días en tu proyecto hace que sea más fácil empezar.

¿Has notado que a veces, aunque tengas tiempo, no lo aprovechas para trabajar en tu proyecto personal?

Y que cada vez que tienes que arrancar un proyecto nuevo te cuesta horrores, sin embargo al cabo de unos días, cuando por fin ya has arrancado, trabajas sin problemas?

Empezar un proyecto nuevo es duro, y también lo es volver a ello tras una pausa.

Eliminar esas pausas te ayuda a mantener las ganas y la motivación.

2) Trabajar todos los días en tu proyecto te quita presión.

Si trabajas en tu proyecto solo de vez en cuando, cuando lo haces sientes presión por sacar algo de mucha calidad.

Si trabajas todos los días no tienes esa sensación: si un día no obtienes resultados, no pasa nada. Tienes el día siguiente para hacerlo mejor.

3) Trabajar todos los días en tu proyecto te ayuda a trabajar todos los días en tu proyecto

Si no dejas pasar muchos días sin trabajar en tu proyecto, no necesitarás tiempo para volver al flow, podrás empezar enseguida.

Y esa puede ser una ventaja tremenda: no necesitarás de mucho tiempo para lograr avances.

Es esto un concepto que, si lo pones en práctica, te puede transformar en un arma de creación masiva.

A veces aparcamos nuestro proyecto porque sentimos que no tenemos nunca un tiempo suficientemente extendido como para lograr algo.

«Sólo tengo media hora», nos decimos. «Eso no me alcanza para nada».

Si trabajamos media hora al mes eso es verdad: no avanzaremos nada, ni siquiera será suficiente  para concentrarnos y volver al punto donde lo dejamos.

Si trabajamos todos los días, nos concentramos casi al instante.

Y avanzaremos paso a paso, podremos ver nuestros progresos y eso nos ayudará a ser más productivos porque veremos que sí somos realmente capaces de hacerlo.

Sin embargo, la ansiedad que produce postergar hace que cada vez sea más difícil arrancar.

Lo que haces cada día es más importante de lo que haces de vez en cuando»

Día tras día, construimos nuestra vida. Día tras día, podemos transformar nuestra idea en realidad.

Todo eso es lo que dice la famosa frase de Aristóteles:

Somos lo que hacemos repetidas veces. La excelencia por lo tanto no es un acto, sino un hábito»

Puede haber días donde nos digamos a nosotros mismos que no vamos a trabajar en nuestro proyecto porque no nos sentimos inspirados.

Ser creativos cuando la inspiración acompaña es fácil, sin embargo sólo podemos ser “pros” de la creatividad si trabajamos también cuando no nos sentimos inspirados.

LA SOLEDAD DEL CREATIVO

Reservar momentos para estar solos, sin aparatos e internet, también tiene ventajas.

Es esencial aprender a reconocer nuestro impulso de interrumpir el trabajo o hacer multitasking, y resistirlo.

¿Porqué muchos recomiendan meditar?

La práctica de la meditación ayuda a reconocer los pensamientos que llegan a nuestra cabeza y a no interactuar con ellos.

Lo mismo habría que hacer con el impulso de cambiar de tarea o mirar el móvil: tendríamos que tomar conciencia del impulso, y no caer en tentación.

(Nota: estuve 365 días meditando 15 minutos todos los días. Resultado: ninguno. El último día lo hacía igual de mal igual que el primero: sin conseguir ralentizar la mente y contener la ola de pensamientos. Uno de estos días volveré a intentarlo…)

FOCO Y DISTRACCIONES: LA PARADOJA DE LA PRODUCTIVIDAD

La información consume la atención del receptor. Una abundancia de informaciones crea escasez de atención»

Esta frase es de 1971, pero describe muy bien el mundo de hoy: tenemos una fuente de infinitas distracciones instalada en nuestro medio de trabajo (nuestro ordenador), y otra en nuestro bolsillo….

La atención es uno de nuestros bienes más preciados.

Si piensas que las compañías más grandes del mundo – Google, Facebook, Netflix – ganan más dinero cuanto más consiguen distraernos y conquistar nuestra atención, tienes una idea de la magnitud del problema.

Nuestra capacidad de atención es nuestra ventaja competitiva: quien mejor la sabe salvaguardar será el que conseguirá resultados, mientras los demás se quedarán consumiendo entretenimiento.

FOCUS BLOCKING

Quizás ya estés familiarizado con la técnica del Time Blocking.

Podemos añadir a eso el enfoque que Cal Newport llama «Focus Blocking».

El Focus Blocking consiste en marcar en el calendario las horas de trabajo creativo y otorgarles el mismo peso que las horas dedicadas a reuniones: las interrupciones no están permitidas.

Tenemos que empezar con bloques pequeños e ir ampliando poco a poco.

No podemos admitir ni la más mínima interrupción.

Para eso, es mejor quitar las notificaciones y el acceso a internet.

Cuando es posible, lo mejor sería poder trabajar con papel y lápiz para evitar las distracciones de internet y trabajar en un lugar dedicado específicamente para estos trabajos sin distracciones. Además, es conveniente trabajar en una tarea específica identificada de forma previa.

Tenemos que convencer nuestra mente de que no está permitida ni la más mínima distracción.

Si miramos Facebook o Instagram aunque solo por unos minutos, deberíamos cancelar la sesión e intentarlo en otro momento.

EL MITO DEL MULTITASKING

El multitasking no existe.

Sólo se pueden hacer dos cosas a la vez si una de las dos es realmente automática, como por ejemplo caminar.

De lo contrario, no estarás haciendo multitasking sino simplemente task switching, pasando de una tarea a otra. En este caso, la bajada de la productividad es asegurada.

Resistir a la tentación de mirar el móvil o el correo merma nuestra concentración y fuerza de voluntad.

La única alternativa real que tenemos es la de eliminar las tentaciones de raíz.

Para poder pasar a otra tarea, deberíamos llegar primero a un punto donde no nos queda nada pendiente. De lo contrario nuestro cerebro seguiría dándole vueltas, mermando nuestra capacidad de atención y productividad. Es lo que se conoce como «attentional residue effect«.

Para no perder el foco y evitar las tentaciones del multitasking, es útil tener constancia de nuestros avances.

El problema es que en el trabajo digital a veces esto es complicado: si estamos trabajando en un texto, siempre tendremos delante nuestro la versión actual, y eso hace que sea difícil visualizar los avances.

Tendremos entonces que establecer nuestros propios «indicadores de progreso». Por ejemplo, podríamos empezar cada día una versión nueva del mismo documento.

SOCIAL MEDIA MINDFULNESS

Tenemos a menudo la tentación de ojear las redes sociales para desconectar un rato.

Cuando lo hacemos, a veces nos despertarnos del trance media hora después – o más – sin saber muy bien cómo hemos acabado allí.

Es difícil resistir a la tentación: es más fuerte el miedo a perdernos algo (FOMO) y el mono de un buen chute de endorfinas… Los impulsos a resistir son muchos.

Para luchar contra eso podemos acercarnos a las redes con mindfulness: tenemos que darnos cuenta de las razones por las cuales estamos a punto de enchufarnos, y decidir de antemano qué queremos lograr. Si navegamos sin un objetivo, es más fácil correr el riesgo de quedarnos atrapados.

También puede ser conveniente seleccionar con cuidado a quienes seguimos en las redes: estamos dejando que esas personas entren en nuestro cerebro y modifiquen nuestros pensamientos.

El smartphone en manos de malos jefes y malos compañeros es cómo una correa electrónica.

Nos hace perder la distinción entre lo importante y lo urgente y lo importante: todo parece urgente.

Y cuando elegimos dedicar nuestro tiempo en lo urgente, estamos dando más importancia a las prioridades de otras personas en lugar que las nuestras.

Ocuparse de esas tareas urgentes es el camino más fácil.

Y el camino más fácil siempre es una trampa.

CÓMO IMPULSAR TU CREATIVIDAD Y SUPERAR BLOQUEOS

Es imposible ser creativo y superar problemas exclusivamente a base de fuerza de voluntad.

Es por eso que es importante configurar una rutina para salirse de la rutina, trabajar en proyectos personales por simple diversión, callar nuestro crítico interior y las tendencias al perfeccionismo.

Muchos de los que tienen un trabajo creativo trabajan para clientes o empresas para ganarse un sueldo.

El problema es que en ese papel sólo utilizamos una parte de nuestras posibilidades creativas.

Para ir más allá, es fundamental trabajar para la audiencia más importante: nosotros mismos.

No esperemos que nuestro trabajo para otros satisfaga todos nuestros deseos creativos: eso no va a ocurrir.

LA CREACIÓN INNECESARIA

Para satisfacer nuestras aspiraciones creativas necesitamos la Creación Innecesaria.

La Creación Innecesaria nos permite:

  • Tener la libertad de experimentar nuevas posibilidades
  • Tomar riesgos
  • Desarrollar nuevas habilidades (esto puede ser difícil en el trabajo remunerado donde suelen pagar para obtener resultados predecibles)
  • Lograr tener una voz propia (la presión del mundo corporativo nos empuja a mirar lo que están haciendo otros en lugar de buscar caminos personales)

Dedicar tiempo a un proyecto personal parece una elección poco eficiente porque de hecho, es una elección ineficiente.

Sin embargo, cada elección que hagas tiene un coste de oportunidad.

Consideremos por lo tanto cuál puede ser el coste de vivir nuestra vida eligiendo el pragmatismo: podemos gastar nuestro tiempo satisfaciendo las expectativas de los demás en lugar de avanzar en el descubrimiento de nuestras capacidades creativas.

Si queremos empezar un side project, deberíamos hacerle sitio: lo mejor sería agendarlo en nuestro calendario. De lo contrario, tendremos la tentación, cuando tengamos un rato de tiempo, de procrastinar y hacer otras tareas más fáciles.

Necesitamos tomar conciencia:

A menudo no tenemos tiempo porque es más conveniente no tenerlo. Quizás no queramos desafiarnos a nosotros mismos»
Stefan Stegmeister

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